Capítulo 55El sueño de Kumbhakarna

Agastya ya le había contado a Rama cómo los dioses, temiendo lo que Kumbhakarna pudiera pedirle a Brahma, habían hecho que su palabra se desviara hacia el sueño. El tiempo trajo ahora esa condición concedida sobre él con toda su fuerza.

El sueño cayó sobre Kumbhakarna con toda su pesadez. Fue a ver a Ravana y le dijo: «El sueño me está venciendo, rey. Haz que me construyan una morada».

Ravana designó a constructores hábiles. Estos construyeron para su hermano un salón a una escala acorde con su cuerpo enorme: un yojana de ancho y el doble de largo.

Los constructores levantaron columnas de cristal y de color dorado, engastaron gemas brillantes por toda la estructura y colgaron campanillas en un enrejado. Puertas de marfil se alzaban en sus entradas; los suelos y las plataformas relucían con cristal. El relato compara el salón con una caverna bendecida del monte Meru, un lugar hecho cómodo en cualquier estación. No era una celda, ni un refugio cómico para un durmiente. Era un recinto real construido alrededor de una condición que se había apoderado de una vida.

Kumbhakarna entró en él y se acostó. Luego durmió durante muchos miles de años sin despertar.

El sueño era sencillamente inmenso: un hermano apartado del paso ordinario de la ciudad que había ayudado a Ravana a conquistar.

Fuera del salón, Lanka seguía acumulando poder bajo Ravana. Dentro, las campanillas colgaban silenciosas sobre el cuerpo inmóvil de Kumbhakarna, y la historia siguió adelante sin él.